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"El Peral de Tía Miseria"

Presentación del cuento “El peral de la tía Miseria

Este es un cuento de esos que siempre nos ha gustado contar. “El peral de la tía Miseria” narra la historia de una mujer que pudo enfrentarse a la muerte, incluso siendo ya muy mayor.

   Este cuento nos atrae especialmente, porque un relato tan breve es capaz de tocar, de forma simbólica, temas tan transcendentales como la muerte, la vejez, la pobreza, la humildad, la suerte o la bondad. Y lo hace con una sencillez y un sentido del humor tal, que el cuento te atrapa desde el inicio, te absorbe en su trama, y te deja un regusto especialmente agradable al final.

Izeba Miseriaren udareondoa” ipuinaren aurkezpena

Ipuin hau beti gustatu izan zaigun horietakoa da. “Miseria izebaren udareondoa” ipuinak heriotzari aurre egin ahal izan zion emakume zahar baten istorioa kontatzen du.

   Ipuin honek bereziki erakartzen gaitu, horrelako kontakizun labur batek, modu sinbolikoan, heriotza, zahartzaroa, pobrezia, apaltasuna, zortea edo ontasuna bezalako gai garrantzitsuak ukitzeko gai delako. Eta halako sinpletasunez eta umore-zentzuz egiten du, non ipuinak hasieratik harrapatzen zaituen, bere traman xurgatzen zaituen, eta amaieran bereziki atsegina den sentsazio bat uzten dizun.

Sin moralejas ni demagogias, sin mensajes edulcorados o manipuladores, el cuento es tal cuál, y que cada uno le saque la chispa y la reflexión que luego necesite.

Irakaspenik eta demagogiarik gabe, mezu edulkoratu edo manipulatzailerik gabe, berezko ipuina da, non bakoitzak behar duen txinparta eta gogoeta ateratzen dion.

Leer este cuento es muy agradable, pero lo que atrae y fascina de verdad es que te lo cuenten, o contarlo desde la cercanía y la intimidad. Al ser un cuento de tradición oral, tiene una estructura perfecta para ser contado, y eso favorece la comunicación.

Contando cuentos todas las edades

   Todavía recordamos cuando este cuento les contábamos a nuestros hijos, cuando a penas tenían 3 años, y ni siquiera habían tenido una experiencia cercana a la muerte. Lo contamos muchas veces, durante muchos días y muchos años. Y jugábamos a representar los personajes del cuento, y cambiábamos los personajes, y volvíamos a contar otro día el cuento. Unas veces hacíamos que éramos la muerte, otras veces éramos la tía Miseria, protagonista de la historia. Y moríamos jugando, y jugábamos a salvarnos, y luchábamos contra la muerte, y volvíamos a morir, o nos abrazábamos porque sentíamos miedo. Hacíamos de un tema difícil de tratar, algo agradable y placentero para todos.

Con los años, también nos hemos encontrado con la muerte, viviendo la perdida de seres queridos, y, por tanto, también hemos tenido que lidiar y superar esos momentos complejos. Y estamos convencidos que el haber tratado esos temas de forma simbólica, haberlos jugado y, en definitiva, haberlos vivido, nos ha ayudado a todos en la familia a comprenderlos mejor y a gestionarlos desde la seguridad y la confianza.

Ipuin hau irakurtzea oso atsegina da, baina benetan erakartzen eta liluratzen duena da zuri norbaitek kontatzea, edo hurbiltasunetik eta intimitatetik zuk norbaiti kontatzea. Ahozko tradiziotik etorritako ipuina denez, kontatua izateko egitura ezin hobea du, eta horrek komunikazioa errazten du.

   Oraindik gogoan dugu ipuin hau gure seme-alabei kontatzen genienean, 3 urte zituztenean, eta heriotzatik gertuko esperientziarik ere izan ez zutenean. Askotan kontatu genuen, egun eta urte askotan. Eta ipuineko pertsonaiak antzezten jolasten ginen, eta pertsonaiak aldatzen genituen, eta beste egun batean ipuina kontatzen genuen berriro. Batzuetan heriotza egiten genuen, beste batzuetan izeba Miseria, istorioaren protagonista. Eta jolasean hiltzen ginen, eta salbatzera jolasten ginen, eta heriotzaren aurka borrokatzen ginen, eta berriro hiltzen ginen, edo elkar besarkatzen genuen beldurra sentitzen genuelako. Jorratzeko zaila zen gai bat, denontzako atsegina eta pozgarria zen zerbait bihurtzen zen.

Contando cuentos todas las edades

 

Urteen poderioz, heriotzarekin ere topo egin dugu, maitatu izan ditugun izaki batzuen galera bizitzen, eta, beraz, une konplexu horiek kudeatu eta gainditu behar izan ditugu. Eta ziur gaude gai horiek modu sinbolikoan landu izanak, jolastu izanak eta, azken batean, bizi izanak,                      

segurtasunetik eta konfiantzatik, hobeto ulertzen eta kudeatzen lagundu digu familiako guztioi.

Una vez más los cuentos de tradición oral nos dan una lección de vida, en este caso tratando el tema de la muerte

Beste behin ere, herriko ipuin batek bizitza-lezioa ematen digu, kasu honetan heriotzaren gaia jorratuz.

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No os perdáis las sensaciones, vibraciones y reflexiones que os puede traer este cuento, en esta versión, además, que está muy cuidada.

 

Ez galdu ipuin honek ekar diezazkizukeen sentsazio, bibrazio eta gogoetak.

El peral de la tía miseria“, un cuento popular español

La tía Miseria era una pobre anciana que vivía de limosnas. Tenía un hijo, llamado Ambrosio, que andaba por el mundo, tam­bién pidiendo. Y poseía un perro mil razas, que la acompañaba en la pequeña choza en que habitaba. Junto a la misma tenía un peral, del que obtenía poco fruto, pues los chicos del pueblo le robaban las peras nada más madurar.

Un día llegó a la puerta de su casa un hombre pobre y, como helaba fuera, la tía Miseria lo acogió en la choza. Compartió con él lo poco que tenía para cenar y le fabricó un rudimentario jergón para que pudiera dormir. Al despertar, por la mañana, también le ofreció un humilde desayuno.
El pobre, agradecido, se dirigió entonces a Miseria diciéndole:
-En vista de tu noble corazón, voy a concederte un deseo pues, aun­que me veas vestido como un pobre, en realidad soy un ángel del cielo.
Aunque Miseria no quería nada, el santo insistió y, entonces, se acordó la anciana del peral:
-Éste es mi deseo -dijo-: que cuando alguien suba al peral, no pueda bajar sin mi permiso.
Al instante le fue concedido el deseo, y fue la idea tan definitiva que, al cabo de poco tiempo, tras algunos palos de bastón y no pocos jirones en sus ropas, no volvió a acercarse al peral un solo zagal.
Así pasaron largos años, hasta que un hombre alto y seco, con una guadaña, se acercó a la puerta de la choza y comenzó a llamar a la tía Miseria:
-Vamos, Miseria, que es hora.
El peral de la tía miseriaMiseria, que reconoció rápidamente a la Muerte, no pareció estar muy de acuerdo:
–¡Hombre, ahora que empezaba a disfrutar algo de la vida! –le dijo–. ¿Por qué no me haces el favor de cogerme esas cuatro peras del árbol, mientras yo me preparo para el viaje?
La Muerte, ingenua, se dispuso a coger las peras y, como estaban en todo lo alto, no tuvo más remedio que subir al árbol. En ese momento escuchó la carcajada de Miseria que, asomada a la venta­na, le decía:
-¡Muerte fiera, ahí te quedarás hasta que yo quiera!
Y quiso Miseria que allí se quedara, hiciera calor o helara, durante muchos años. Tantos que en el mundo empezó a sen­tirse la falta de la Muerte. Nadie moría, ni en las guerras, ni por enfermedad, ni por vejez. Había ancianos de más de trescientos años, en estado tan penoso que ellos mis­mos buscaban poner fin a su vida.
Algunos se tiraban por los precipicios, otros al mar, otros se arrojaban a las vías del tren, pero ninguno lograba su propósito y los hospitales se llenaban, sin poder atenderlos a todos.
Así hasta que la Muerte vio pasar por allí cerca a un médico, antiguo conocido y amigo de ella:
–¡Eh, viejo amigo, acércate y observa mi estado! ¡Duélete de mi situación! ¡Avisa a las gentes del pueblo y venid a cortar este maldito árbol!
Al poco llegaron los vecinos, armados con sus mejores hachas, pero, aunque lo intentaron por todos los medios, no lograron hacer la mínima mella en el tronco del peral. Y todos los que quisieron bajar de allí a la Muerte, sólo con­siguieron quedarse colgados con ella. Entonces empezaron a rogar a la vieja Miseria que se apiadase de ellos, de los que tanto sufrían y que permitiera bajar del peral a la Muerte y a sus acompañantes. Tanto insistieron que al fin cedió la tía Miseria, aunque le puso una condición a la Muerte:
–Que no te acuerdes de mí ni de mi hijo Ambrosio hasta que te llame por tres veces.
Accedió la Muerte, y bajó, y comenzó a cumplir con todo el tra­bajo que tenía pendiente, lo que la tuvo ocupada durante muchas semanas. Todos los que debieran haber muerto, veían llegar su hora. Todos menos la anciana y su hijo, que por eso viven todavía la miseria y el hambre.
 
Adaptación de las versiones de A. Rodríguez Almodóvar (Cuentos al amor de la lumbre) y J. M.a Guelbenzu (Cuentos Populares Españoles). 
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